Las ciudades están cambiando. Cada vez más, nuestras plazas, parques y avenidas se llenan de verde, agua y biodiversidad, y esto no ocurre por casualidad. Los paisajistas modernos, estamos transformando los espacios urbanos en ecosistemas vivos, combinando arte, ciencia y diseño para adaptarse a un futuro incierto.
Proyectos como la sede de la Bolsa de Shenzhen, diseñados por Petra Blaisse y OMA, muestran cómo los arbustos, patios y jardines verticales pueden estructurar la circulación, generar sombra y transformar plazas en auténticos ecosistemas verticales, incluso a más de 30 metros de altura.
Arte y mensaje ambiental
La artista Maya Lin, con su proyecto Ghost Forest en el Madison Square Park (2021), utilizó 49 cedros muertos de 12 metros para reflejar la fragilidad de nuestros ecosistemas. Este tipo de intervenciones demuestra que el paisajismo urbano también puede contar historias y concienciar sobre la sostenibilidad, convirtiendo espacios públicos en lugares de reflexión.
Paisajes que funcionan y educan
Proyectos como Arjay Miller Arboretum en Michigan y Suqian Santaishan Flower Quilt en China integran la biodiversidad y la interacción humana: la vegetación se organiza para coexistir con la actividad de las personas, reducir mantenimiento y ofrecer experiencias visuales únicas. Estas intervenciones no solo embellecen la ciudad, sino que también resuelven problemas de drenaje, calidad del aire y conexión con la naturaleza.

La ciudad como ecosistema
Parques como Benjakitti Forest Park en Tailandia o Taopu Central Park en China muestran cómo espacios urbanos pueden absorber lluvias, generar humedales y proteger especies, convirtiendo áreas industriales y metropolitanas en oasis de vida.

Incluso proyectos como Topotek 1 en Dinamarca combinan equipamiento deportivo con taludes vegetales que absorben agua y regulan la escorrentía, mostrando que la arquitectura y el paisajismo urbano pueden trabajar en perfecta armonía con la naturaleza.
En Yerbabuena creemos en esta visión: cada espacio verde que diseñamos no solo embellece, sino que conecta a las personas con su entorno y protege la vida que lo habita.
